Visitar el Perú - Un regalo


POR MARY OLENICK, ASOCIADA DE LA PROVIDENCIA

Las vistas, los sonidos y los olores de Carabayllo y otras áreas me eran muy familiares. Si cerraba los ojos, era como si estuviera de nuevo en misión en Malawi. Hay muchas similitudes pero también hay muchas diferencias.

La congestión con la gente, cocinar en las aceras, los lugareños vendiendo sus productos en todas partes, los mercados muy activos, los perros que corrían sueltos y la pobreza, eran muy familiares. Lo que no era familiar era la congestión con los vehículos, especialmente las motos, y todos (hombres y mujeres y, a veces, niños) que nos saludaban con un abrazo y un beso. Me hicieron sentir muy bienvenida. Las personas en Perú me parecieron muy abiertas, con altos niveles de esperanza y resistencia.

Me conmovieron muchas cosas que encontré en Perú, los pobres, las celebraciones, su música moderna, las viviendas en las laderas y cómo las colinas se iluminaban por la noche como estrellas que brillaban en el cielo, además de poder presenciar el trabajo en el que han estado y están involucradas las Hermanas Rose-Marie y Sara.

Creo que lo más destacado de mi viaje fue visitar el Laberinto, un monumento conmemorativo, "El ojo que llora", ubicado en Campo de Marte, un parque en Jesús María, un distrito de Lima.

Me pareció abrumador pensar en aproximadamente 70,000 personas (hombres, mujeres y niños) que fueron víctimas de la violencia cometida tanto por el gobierno militar peruano como por los grupos guerrilleros radicales.

Lika Mutal, un artista holandés fue contratado para construir un lugar de conmemoración a las víctimas. Un laberinto fue ejecutado por ella. En el centro del laberinto hay una piedra negra que Mutal descubrió cerca de un cementerio precolombino. Se sintió inspirada a llamar a la piedra "El ojo que llora". En el centro de la escultura, una pequeña piedra que toma la forma de un ojo continuamente gotea agua. El Laberinto en sí está compuesto por decenas de miles de piedras blancas cada una de forma ovalada, llevando el nombre, edad y año de fallecimiento de una víctima. Me sentí muy honrada y humilde por haber podido visitar este Memorial.

Con todo, las dos semanas en Perú fueron una experiencia muy esclarecedora para mí. Lo único que lamenté fue no poder conversar con la gente en español. Sentí que me perdí muchas oportunidades para entender lo que se decía, compartir y hacer preguntas. Sin embargo, estoy agradecida por la traducción que la Hermana Gayle y la Hermana Rose-Marie hicieron por mí y estoy agradecida por lo que logré al conocer a las numerosas personas en Perú durante las dos semanas maravillosas en las que experimenté su cultura.


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